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Citas de libros | Single me to sleep

ESPACIO LITERARIO
Citas de Libros se basa en comentar las frases de libros que más me gustaron.






Sus frías palabras envuelven la habitación, silenciando el resplandor de la música que soldamos en medio de la noche.

¿Puedo esta ser yo?
Un micrófono en mi mano.
Bombillas intermitentes, la gente gritando cuando tomo el mando.
¿Puedo esta ser yo?
Tomando el escenario por los sueños dorados.
Una verdadera princesa.
Ganando gloria como dicen los cuentos.
Puedo...
¿Soy yo?

—Tus labios son realmente hermosos. —Mira mi boca, medio hambriento—. Son tan expresivos cuando cantan—. Traza mis labios con la punta de su dedo. Su voz se vuelve ronca—. No dejes que lo toquen.

Esta soy yo, ¿no lo sabes?
¿Tocar el cielo?
¿A quién estoy engañando?
Cortadas mis alas, el peso me derriba.
Pensé que había llegado mi momento.
Pero el sueño se vuelve polvo.
Mientras me inclino para hacer lo que se te antoja, ahora veo la verdad, todo una mentira.

—Solo canta, Beth, esos es todo de lo que necesitas preocuparte. —Sus palabras cavan un diminuto agujero en aquel peso y libera la presión contenida en mi corazón. No estoy volando. El cielo todavía es imposible, pero sé que tiene razón. Eso es algo que puedo hacer. Cantar. Colby y sus feas máscaras verrugosas no pueden robarme eso.

Cambios.
¿Por qué me sorprende?
¿Puede todo el mundo ver que por dentro sigo siendo la misma chica?
Ahora, ¿quién será ella?
¿Puede ser bella?
¿Será débil, también?
¿Por qué estoy nerviosa?
¿Por salir de mi viejo capullo?
¿Puede ser posible?
¿Me amarán todas las personas?



♥♡♥Ah1j@das D3l Bl0g♥♡♥

Citas de libros | El factor ex - Andrea Semple

ESPACIO LITERARIO
Citas de Libros se basa en comentar las frases de libros que más me gustaron.


Sección: Espacio Literario




Factor ex

Ficha y opinión del libro

—Me acosté con alguien. —Resulta gracioso la cantidad de palabras que hacen falta para construir una relación y que sólo cuatro la manden a hacer gárgaras.

Desvelarnos el uno al otro, acercarnos a la verdad tanto como las palabras lo permitan es un juego peligroso. Es una custión de propiedad, no sólo sobre el pasado, sino también sobre los pensamientos. Ya no existe lugar en el que ocultar los secretos, ni hay verdades incómodas que encubrir, de repente, todo está a disposición del otro, lo cual en este caso, debe de haber puesto a Luke en apuros.

Es la feniletilamina, ese es el problema. Créeme, es una mierda. Actúa como el speed; es esa sustancia que tenía la capacidad de mantenerte despierto toda la noche diciéndote tonterías con la otra persona, abandonándote en una sesión de sexo acrobático a las seis de la mañana. Cuando te das el golpe, es esa misma química la que te desgarra.

Una ruptura no es algo que se deje atrás de forma tajante, sino que hay que revivirla, recrearla, removerla y volver a adornarla según lo vayas contando. A los amigos les das una versión, a tu familia otra y la verdad queda en el aire en algún punto entre las dos.

LUKE: Martita, ¿por qué siempre te vas a los productos ecológicos?
YO: Porque son más saludables.
LUKE: (agarrando una enorme zanahoria transgénica y poniéndosela delante del paquete, primo orgánico de la misma) Pero éstas son el doble de grandes y valen la mitad. Los productos esos son una chorrada.
YO: El tamaño no lo es todo Luke, lo sabes muy bien.
LUKE: ¿Qué quieres decir con eso?
YO: Solo era un comentario.

Resulta gracioso, ¿verdad? No importa cuántas veces pienses que has dejado atrás el pasado, siempre vuelve, pronunciando tu nombre.

Eso era todo lo que yo sabía de los orgasmos y como yo pensaba que eran, como la muerte por un rayo o que te toque la lotería, era algo que les ocurría siempre a los demás. Nunca salían mis números.

Conocer a alguien hasta el punto de poder terminar sus frases y adivinar con exactitud su opinión sobre alguien a quien acaba de conocer es una de las experiencias más maravillosas del mundo.

Madre mía eso no es sexo, ¡es un puto terremoto!

Por supuesto, es la memoria la que está hablando. Resulta extraño cómo la memoria puede hacer que las cosas parezcan cómicas.

Pero claro, en aquel momento no estaba pensando en él, yo tenía a Luke, el archidesgraciado pellejudo, el atractivo y guapísimo archidesgraciado pellejudo. Y Alex Tenía a Desdémona.
La tiene.

Siempre he querido que confíen en mí, y no se trata sólo de eso, siempre he buscado el reconocimiento de los demás, supongo que todo el mundo lo busca, pero en mí, este deseo se convierte casi en un ansia, en una necesidad fundamental, en contraposición a un simple deseo.

Tu amiga de la infancia te destroza cualquier posibilidad de volver años después con tu primer novio y te lo restriega por las narices como si fuera un trofeo, esperando a que estés en el peor momento de tu vida para pedirte que seas tú su puta dama de honor.

A punto he estado de decir que la razón por la que no puedo ser feliz es porque estoy enamorada de Alex, y de Luke y no puedo tener a ninguno de los dos, pero me detengo antes de decirlo: no está bien, no puedo querer a dos hombres a la vez ¿verdad?

He hablado de este tema muchas veces y sé cuál es la respuesta que hay que dar: piénsalo bien y pregúntate si realmente es ése el problema; si continúas convencido de que lo es, déjalo salir. Comunícale sutilmente tus temores y observa cómo los aborda, escúchala, habla de ellos con ella, aprende a entenderse mejor, que haya comunicación.

—Todo va a ir bien —le digo, aunque las palabras suenan algo patéticas. Es como si el silencio que impera en la habitación me diera su propia respuesta, contradiciéndome.
Jamás volverán a ir bien, nunca.

Se inclina hacia delante para pagar al conductor y, cuando lo hace, me entran unas ganas locas de pellizcarle el culo, y eso hago. El problema es que creo que el pellizco ha sido un poco fuerte, lo cual queda confirmado al ver el respingo que da Alex, dándose con la cabeza en el techo del taxi. Se lleva la mano que sujeta el monedero a la cabeza, provocando una lluvia de monedas por todo el taxi.

Se inclina un poco y me besa, esta vez en los labios. Un beso de adulto. Y, mientras nos besamos, empiezo a sentirme mareada, como si toda la calle estuviera girando en torno a nosotros, como si el espacio de esos nueve años perdidos se hubiera condensado en un sólo momento.

—Muy bien —jadea Alez, mirando la cerradura—, tú ganas.
—Lo sé —le contesto, entrando tras él para exigir mi premio.




♥♡♥Ah1j@das D3l Bl0g♥♡♥

Corazón de Mariposa | Citas de Libros

En inspiración a varias frases que me gustaron de la última lectura que tuve y la buena experiencia de ello aquí pongo las que me gustaron tanto como para guardarlas.

Corazón de Mariposa - Andrea Tomé

"Empiezo a correr. No sé adónde voy. Me pongo los cascos para no tener que escuchar el runrún incesante de mis pensamientos, para dejar atrás sus excusas venenosas, susurradas entre el eco de las calles de Dublín."


"...pero yo solo puedo pensar en los kilómetros, en la distancia y en las despedidas que llegan demasiado pronto. Aún tengo el olor del perfume de Marcos en lo más hondo de mis fosas nasales, como si estuviese abrazándome por detrás, como hacía hace... ¿Cuánto hace ya que se fue? El liquido salado de mis lágrimas me divide el rostro en tres partes."


"Todos creen que he intentado suicidarme. Probablemente, incluso, estuviesen esperándolo. Quisá porque Marcos acaba de dejarme, porque hace ya un año que papá se fue, porque resultaba inevitable que algún día quisiese cruzar la línea que conduce al infierno. Pero no es cierto. Nada de eso es cierto."


"...no pensaba en acabar con mi vida; ni siquiera era consciente de que eso fuese posible. Solo quería que todo ese odio que llevaba dentro se disipase, fluyese libre como la sangre rojo fresa que corría por mis muñecas."


"Me han amansado como una piñata. En mis muslos, en mi vientre y en mis caderas se acumula, latente, la grasa. Y me asfixia. A mi cuerpo de porcelana no le gusta sentirse pesado."


"No quiere escucharme. Nadie quiere hacerlo nunca. Cuando ellos -todos los demás- me miran, solo ven un par de ojos febriles y unos pómulos salientes. Me imponen dietas que no necesito y me vigilan mientras como. Si voy al baño, se quedan en la puerta, tal vez esperando oír esa tos inequívoca que precede al vómito. Para ellos siempre seré la niña que casi se mata de hambre."


"No me juzgaba. No me reñía. Solo estaba ahí. Y me gustaba mucho... muchísimo. A veces, me miraba al espejo e incluso me veía guapa. Todo gracias a él."


"Me abandonan en una habitación blanca, desprovista de decoración, y esconden la llave en lo más hondo de un pozo negro."


"-Claro -asiento, forzando una sonrisa. Esa es la clave. Hay que parecer buena chica, no hacer trampas, dejar el plato reluciente y derramar lágrimas de cocodrilo sobre tus sábanas de lino para que te dejen salir."


"Cuando salgo de mi habitación, a la luz, a la «libertad condicional» que me permite reencontrarme con mis compañeras de cautiverio, me sorprenden dos cosas: lo suave que puede quedar la piel después de una ducha de agua templada y los rostros conocidos que me observan desde las mesas de plástico del comedor. Una no espera que, después de más de un año de «remisión», pueda volver al hospital. Siempre te da la sensación de que estás avanzando e, inevitablemente tus amigas también deben hacerlo. Sin embargo, allí están, casi como si hubiesen estado esperándome."


"¿Qué estamos haciendo todas nosotras aquí? Dicen que estamos enfermas, que tenemos una percepción distorsionada de la realidad, que somos unas chicas con problemas. Pero ¿sabes qué? Yo no veo nada de eso. Miro a mi alrededor y solo hay niñas asustadas del mundo y de sus propios sentimientos. En terapia nos dicen que debemos engordar para estar guapas, que nadie podrá querernos si no nos queremos a nosotras antes, pero se equivocan. Deberían decirnos que estamos guapas todos los días, pase lo que pase, pesemos lo que pesemos, que ya estábamos guapas antes de empezar a adelgazar. A veces, intento creérmelo yo también. Siempre me entra la risa. Es condenadamente divertido ser capaz de pensar así en un lugar como este."


"Todo, todo, todo. Hasta que tu vientre se hinche como un globo de helio. Hasta que reboses salud como una cría de ballena. Hasta que te odies y desee morir. Todo, todo, todo. Y recuerda, ¡no dejes nada en el plato!" 


"Mamá y Néstor ríen mecánicamente, como un par de muñecos a los que se les ha dado demasiada cuerda. Intento encontrar los guiones sobre "Cómo tratar a su infeliz familiar famélico", pero soy incapaz. Deben de habérselos memorizado muy bien. Están en la cumbre de su carrera como actores. Quizá hayan asistido al mismo cursillo que los médicos, las enfermeras y los celadores."


"Victoria, ¿quieres que te prepare ya un delicioso refrito de grasa y caramelo, condimentado con grandes dosis de miedo y negación? Sí, mamá, claro que quiero. Ínflame como a una de las Gracias de Rubens y cuélgame de la punta del árbol estas Navidades, gracias."


"Hace exactamente seis años, era una chica perfecta que pesaba treinta y seis kilos. Era ettérea como los rayos del sol y sonreía todo el tiempo. Mi estómago estaba vacío y contento. Al ir a clase, de pronto todos los chicos se fijaban en mí con descaro y las chicas me hacían una radiografía mental, preguntándose cuál era mi secreto para estar tan delgada. Mi vida entonces era maravillosa. Pero a alguien se le ocurrió que estaba enferma y que moriría si no me encerraban en una cárcel con enfermeras mal encaradas y médicos que siempre llegaban tarde a sus citas. Lloré, grité y pataleé, pero nada de eso impidió que me atasen a una cama de sábanas ásperas y me inyectasen grasa y azúcar por vía intravenosa. Con sus sonrisas sombrías y sus carritos cargados de comida me lo quitaron todo."


"Nadie, en ningún momento, trató de comprenderme. Solo era el intento fallido, la oveja negra, la pequeña a la que no pudieron salvar. me lo decían con la mirada y yo, que entendía, bajaba la cabeza en dirección a mis pies, a la báscula debajo de ellos, esperando cruzar al fin la frontera de los cuarenta kilos. Me pidieron que bajara del tren cuando ya estaba en marcha y era demasiado tarde."


"Arriba en un cielo azul cobalto, ni brillan la luna ni las estrellas. Alguien más grande que nosotras se ha encargado de apagar las luces del cielo, cerciorándose de que se camuflen con mi soledad."


"-Tal vez otro día -miento. Para mí no hay otros días, ni futuros brillantes, ni planes que hagan latir mi corazón. Para mí solo hay calorías, días vacíos que llenar con cifras cada vez más pequeñas, kilos que erradicar antes de que se conviertan en chapapote dentro de mi cuerpo, envenenándome y ahogándome."


"Lejos del lugar donde mis venas se abrieron, expulsando sangre rojo fresca sobre los azulejos; donde tú me encontraste, sin expectativas, de donde tú me sacaste; donde se esconden los fantasmas de cuatro palabras afiladas; donde se erigió un santuario en mi honor, enterrándome cuando aún estaba viva. Lejos."


"Hoy.
Solo.
Quiero.
Desaparecer.
Volar. Huir. Evaporarme. Desvanecerme. Convertirme en humo, buscar una rendija y escapar.
Hoy quiero destruir los barrotes de mi propia casa y echar a correr sin detenerme jamás, aunque me falte el aire. Quiero cruzar la frontera que marca el arco iris y abandonar este mundo definitivamente."


"-Tú sabías que yo estaba enferma. -Hago una afirmación de lo que debería ser una pregunta.
Kenji asiente con lentitud.
-Acabé sonsacándoselo a tu hermana.
-¿Y te dio igual? Tú lo sabías y, aún así, ¿no te importó?
-Sigue sin importarme -asegura, y ahora su expresión se endurece-. Es solo una imperfección tuya, como mis cicatrices. La anorexia forma parte de ti, de tu historia. Donde los demás solo ven debilidad, yo veo fuerza, porque has estado luchando contra ella durante mucho tiempo."


"Algún día te lo contaré todo -dice-. Te lo juro.
-Está bien -repito. Ahora soy yo la que acaricia sus heridas, siguiendo los dibujos trazados por su cuchilla de afeitar, por unas tijeras demasiado afiladas, por el cuchillo de cortar la carne... por su odio, por su dolor, por su vida-. A mí también me gusta esto -admito-. Se siente como si nunca tuviera que fingir. Se siente bonito. -Cojo aire. Kenji me mira; sus músculos súbitamente relajados-. Me encanta esto.
-Puede ser así siempre -afirma, y su voz me llega sorprendentemente clara-. Podemos adueñarnos de todos los momentos. Podemos moldear el universo.
-No -niego, alzando la barbilla hacia él-. Seremos el universo. Nada podrá dañarnos si nos mantenemos allá arriba.
Él sonríe. Yo sonrío. Nuestros labios vuelven a juntarse, como si fuese natural para ellos mantenerse tan cerca.
En mi casa solo está Kenji. En mi cerebro solo está Kenji. Y yo no necesito nada más.
Aquí, ahora, somos un universo."


"De pronto veo en sus ojos -mucho más pronunciada que en ninguna otra persona- la pálida sombra de la sabiduría. Cientos de frases, caras y nombres se ordenan ahora en mi cabeza, pero ya no me importa. Aprieto la mano de Kenji con más fuerza, deseando poder quedarme así para siempre. No soy la única persona que sufre en el mundo."


"Y ahora estamos tú y yo aquí, en esta cama, con toda una noche por delante -me susurra al oído. Su aliento cálido eriza el lanugo de mi nuca al instante. Desde el pasillo oímos cómo se queja un anciano, pero nadie se acerca para aliviarlo.
-Qué romántico, pensar que podemos hacerlo aquí -ironizo con acritud. Aún no hemos podido tener sexo. Kenji, que pasa su nariz afilada por mi columna, no se deja vencer por mi sarcasmo.
-No tenemos por qué hacerlo. Podemos simplemente besarnos, o hablar, o escucharnos respirar. Cualquier cosa. -Se encadena a mí; su brazo en mi pecho y su pierna sobre mis caderas-. Me gusta cualquier cosa a tu lado."


"-De eso se trata -afirma-. Nadie dijo que fuese fácil. Tienes que levantarte cada mañana y luchar contra ti misma; si te caes, solo puedes echarte la culpa a ti. Pero, si resulta que ni siquiera quieres estar bien, nada de esto tiene sentido. ¿Es que te trae sin cuidado lo que sintamos los demás?
Kenji me mira y no sé qué tipo de sentimiento lee en mis ojos, porque se enciende otro cigarro y, tirando el cartón vacío al suelo, sale de la marquesina y camina entre los coches aparcados. Solo está la capucha de su anorak para abrigarlo.
-¡Eh! -bramo, poniéndome en pie. Mis rodillas tiemblan-. ¿Adónde vas?
-A otra parte -responde. Su mirada refulge con más intensidad que nunca-. Como tú bien has dicho, hay mejores cosas de las que ocuparse.
-¡Oh, vamos, Kenji! No puedes dejarme aquí.
Estiro un brazo para alcanzarlo. Él, inusualmente pálido, me rechaza con un movimiento mecánico.
-Déjame en paz -me pide, con sus ojos brillando febrilmente-. Tienes un corazón de mariposa. No te importa nada ni nadie más allá de ti misma."


"No conseguía entender por qué una criatura tan orgullosa, tan majestuosa como la mariposa no tenía un corazón de verdad, como el nuestro, sino un tubo alargado en la parte superior de su cuerpo. Me parecía injusto que, siendo tan bellas por fuera, estuviesen tan vacías por dentro. Ahora, naturalmente, lo veo todo de otra manera."


"Quizá nunca deje de ser anoréxica; quizá precisamente eso, la enfermedad, haya sido un rasgo inherente a mi personalidad desde siempre. Quizá jamás deje de escuchar esas voces en mi cabeza y quizá Kenji jamás deje de sentir la necesidad de cortarse la piel para librarse de sus sentimientos negativos. Pero también sé, con una certeza incalculable, que mientras vaya dando pasos adelante me daré de bruces con algo parecido a la felicidad. Sé que así será. Por tanto, eso, la felicidad, es el único destino posible para nosotros. No importan las veces que nos caigamos ni las piedras que encontraremos en el camino; siempre, como una trampa ineludible, estará esperándonos un argumento que nos permita apartar todo nuestro dolor y seguir viviendo."




Se despide...
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